Érase un 16 de agosto de 1815, el cielo envió un regalo a esta tierra, un don para la Iglesia este regalo se llamo Juan Bosco, nació en un pueblo de Italia llamado Ibechi, a los nueve años comprendió a través de un sueño la misión que Dios le pedía realizar: dedicar su vida para ser el bien a la niñez y juventud. Juan Bosco se convirtió en sacerdote y fundo una congregación, una familia de sacerdotes salesianos para realizar su misión y cumplir el propósito de su vida: ayudar a los niños y jóvenes a ser felices y así llegar a ser santos.                                                                                            Don Bosco enseñó a todos sus niños y jóvenes a ser “buenos cristianos y honestos ciudadanos”, no pasó mucho tiempo cuando la Virgen María Auxiliadora le pide a Don Bosco a través de un sueño que cuide también de las niñas y le dice: cuida de ellas que son mis hijas y el cielo te bendecirá.                                                                                                            Don Bosco se resistía porque no sabía de que manera cumplir ese deseo de la Santísima Virgen María, hasta que un día conoce a Maín y comprende que es ella quien le ayudará a realizar este deseo de la Virgen, porque también a Maín la Virgen le mostró un Colegio con muchas niñas y le dijo: a tí te las confío, entonces Don Bosco funda una congregación de hermanas para realizar la petición de la Virgen: cuidar de las niñas y las llamó Hijas de María Auxiliadora o Salesianas.
Con Maín ahora Sor María Mazzarello al frente, las hijas de María Auxiliadora comienzan su misión en el Colegio de Mornese en Italia, atendiendo a las niñas y jóvenes de su pueblo; muy pronto este proyecto de Dios comienza a expandirse  por todas partes del mundo: Francia, España, América, Europa, Asia, Oceanía, África.
En 1894 llegan a nuestras tierras mexicanas, en esta época, la situación del país era inestable debido a los conflictos    políticos y  sociales.                                                                                                                                                                                              En el año de 1917, un grupo de familias de esta ciudad de Linares expresa al excelentísimo Sr. Don Francisco Plancarte, Arzobispo de esta ciudad con sede en Monterrey, la necesidad de un centro educativo que se dedicara especialmente a la atención de las jóvenes. El Sr. Arzobispo dirige a la madre inspectora Sor Octavia Bussolino solicitud para que las Hijas de María Auxiliadora puedan establecerse en esta ciudad y tanto él como el vicario general Don José Guadalupe Ortíz y el Sr. cura Don Pedro Martín del Campo realizan todo lo necesario para que las hermanas pueden hacerse presentes.   De esta manera el 31 de julio de 1917 llegan a Linares las primeras Hijas de María Auxiliadora, ellas son : Sor Josefina García, Sor Silvina Rodríguez y Sor Josefina Olvera, fueron acogidas por un grupo de damas Linarenses que lasa recibieron y brindaron hospedaje en la casa de la Sra. Francisca Tijerina.